Los perros negros

El término ‘perro negro’, se utiliza para hacer referencia a apariciones de criaturas que según los testigos se asemejan a grandes perros negros, sin embargo a menudo también se utiliza como término genérico de apariciones caninas de otros colores y tipos. Estas apariciones se dan sobre todo en América y Sudamérica.
Normalmente se distinguen entre tres tipos de perro negro, aunque estas tres divisiones existen para poder clasificar algo a nuestra conveniencia, ya que algo tan extraño y desconocido es imposible de clasificar. Una vez más, ante lo desconocido, sólo podemos ser meros observadores.

Tipo A. En Inglaterra y Norteamérica se le conoce generalmente y de forma local como ‘Barguest’, ‘Striker’, ‘Padfoot’ o ‘The Hooter’. Estos son sólo algunos de los nombres utilizados para denominar a una criatura impersonal, con apariencia desconocida, pero que según los testigos podría ser un gran perro.

Tipo B. Se le conoce como ‘Black Dog’, Perro Negro, es siempre un perro negro. Parece ser que están asociados por algún motivo a un lugar o zona y siempre se aparecen en los mismos lugares. Algunas veces, momentos antes de su aparición, los testigos notan fenómenos extraños, como voces, apariciones fantasmales o sucesos difíciles de explicar.
En algunas zonas se les asocia con las apariciones de las brujas.

Tipo C. El tercer grupo de perro negro, es le más raro y más difícil de observar. Aparece con un ciclo del calendario, o cada cierto tiempo.

¿Dónde se ven estas apariciones?

Las apariciones de extraños perros negros son extensamente conocidos en Gran Bretaña, especialmente en Inglaterra, y algunos consideran que es un fenómeno principalmente británico. Sin embargo, se ha demostrado que eso es totalmente falso, en todo el mundo hay constancia de apariciones de perro negro, pero donde más en Norteamérica, Sudamérica y Europa.
En cada zona son conocidos con nombres diferentes, pero al escuchar las historias todas tienen un gran parecido.

Los perros negros se asocian a menudo a un lugar o área en particular. Suelen aparecer cerca de lugares donde han ocurrido violentos sucesos o crímenes.
Normalmente se observan en entornos rurales, sepulcros, puentes y en zonas cercanas al agua como pozos, ríos, lagos etc..
Generalmente aparecen durante la noche, aunque algunos avistamientos han ocurrido en plena luz del día.

En algunos casos, el testigo se encuentra solo durante la noche y de pronto empieza a notar la sensación de que alguien lo observa, algo raro se nota en el ambiente, los sentidos están a flor de piel. Pueden escucharse algunas voces, pero nunca hay nadie. Incluso han llegado a notar que alguien los tocaba pero al girarse tampoco había nadie. Cuando todo parece tranquilizarse y el testigo cree que todo ha pasado, se escucha el trotar de sus patas, al poco rato el perro negro aparece delante del testigo, incluso puede atacarlo.

Estos perros negros, se diferencian de los perros normales en su tamaño, en sus ojos y en su comportamiento:

Color: Generalmente negro, aunque también los hay blancos y grises.
Tamaño: Mucho más grande de lo normal. Su tamaño sería como el de un becerro grande.
Cabeza: Algunos han llegado a verlos sin cabeza o incluso con miembros de otros animales.
Ojos: Ardientes y llameantes, brillan intensamente en la oscuridad y son de un color rojizo.
Boca: Suelen tener una boca muy grande y llena de espuma. Desprenden un fuerte y desagradable olor y su respiración es potente y vaporosa.
Dientes: Sus dientes son largos y grandes.
Comportamiento: Se dejan escuchar antes, aparecen y desparecen ante los ojos atónitos de los testigos. Algunos llegan a cambiar de tamaño y de forma, convirtiéndose incluso en seres humanos u otro animal.

Apariciones

La primera aparición que se conoce fue en 1127, citado por McEwan en 1986. “Durante una jornada de caza muchos hombres vieron y oyeron una gran bestia, era negra, horrible y enorme, todos montaron en sus caballos para perseguirla. Sus ojos eran grandes y tenebrosos”.
Fue visto en el mismo parque de los ciervos en la actual ciudad de Peterborough.

En otra ocasión:

“A principios de enero de 1905, pasadas las siete de la tarde. Vi repentinamente un animal que se parecía a un perro muy grande, de color negro, apareció de pronto, como de la nada y atravesó el camino acercándose hacia mi, pensé que era el perro del cura. Decidí llamarlo para llevarlo hasta su hogar, cuando empezó de pronto a cambiar de forma, se convirtió en una bestia, sus enormes ojos brillaban intensamente. Por unos instantes me quedé asombrado, paralizado, no podía reaccionar, cuando de repente desapareció.”

Otro caso citado por McEwan (1986).

“Mi encuentro ocurrió en un atardecer de verano, intentaba dormir pero no podía, me asomé a la ventana y me quedé observando la noche, relajada. Al cabo de unos instantes apareció un descomunal perro negro paseándose delante de la casa. Era horrible, sus ojos rojos eran enormes y su respiración fuerte, cuando pasó delante de mi ventana, se paró y me miró fijamente, luego desapareció.”

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Fantasmas a bordo

 

Aunque los escenarios típicos de las narraciones de fantasmas son las viejas mansiones o los vetustos castillos, ruinas más o menos bien asentadas sobre tierra firme, existe también una tradición que los asocia a los navíos y el mundo marinero. Su base se encuentra la mayor parte de las veces en la vieja creencia de que los marinos muertos a bordo de su barco pueden regresar a él desde el otro mundo.

Y no hace falta remontarse a los tiempos míticos del Holandes Errante para encontrar ejemplos de este tipo de historias. Las siguientes tuvieron lugar supuestamente a finales del siglo XIX y principios del XX:

-Una visita de cortesía

Cuentan que corría el año 1910, o puede que el 1914, cuando uno de los suboficiales de la corbeta estadounidense Monongahela, un dicharachero irlandés pelirrojo y tuerto a quien sus compañeros conocían como “el viejo Pay”, reunió a sus amigos y les dijo:

―Me temo, muchachos, que se acerca mi hora. Pero no os sintáis tristes ni me echéis de menos cuando haya partido, pues tan bien se me ha tratado en este barco que creo que volveré a él al menos una vez. Oh, sí. Buscadme entonces en mi viejo camarote, el número dos.

Como el viejo Pay siempre había sido muy aficionado a narrar historias truculentas de naufragios, aparecidos y monstruos marinos, sus compañeros no se tomaron demasiado en serio sus palabras. Además, aunque era ya mayor, parecía estar todavía en buena forma. Por eso sobrecogió a todos sobremanera encontrarlo a la mañana siguiente inerte y pálido sobre su camastro.

Durante los siguientes viajes, el camarote del viejo Pay permaneció vacío, hasta que al fin fue ocupado por un nuevo suboficial. Una noche sus gritos alarmaron al resto de la tripulación, que al acudir a ver qué ocurría se lo encontraron sentado en el pasillo que conducía a su cuarto, balbuceando algo acerca de un cadáver tuerto y pelirrojo que yacía encima de su cama.

Al entrar en el camarote, los marineros no vieron a nadie sobre el camastro, pero pudieron comprobar que este se encontraba empapado y lleno de algas. Nadie dudo de que el viejo Pay acababa de cumplir su promesa.

-Accidente fatal

Si, según se dice a veces, el espíritu de quien fallece de forma violenta queda ligado al lugar de su muerte, atrapado en una eterna repetición del momento fatal, en el mar no podía suceder menos.

Eso dicen que sucedió, por ejemplo, a los tripulantes del Mohawk, velero que se hundió en State Island por un lamentable error humano: tras fondear, nadie se acordó de dar la orden de arriar el foque ni el palo mayor. El mar estaba en calma, pero, al poco de bajar los marinos a descansar, se originó un fuerte vendaval que escoró el barco hasta mandarlo a pique, ahogándose toda la tripulación.

El navío fue reflotado por una empresa y vendido al gobierno. Sus nuevos tripulantes aseguraron que todas las tardes veían aparecer un marinero fantasmal que corría hacia el foque con la desesperación marcada en rostro.

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El bosque de los suicidios

  Leyenda de una pareja pidiendo ayuda en el llamado bosque de los suicidios.

 Una noche un hombre iba atravesando por un bosque, donde había ocurrido muchos casos de suicidio. El bosque era tan enorme que apenas se encontraban los restos. El hombre iba en coche, y con un poco de miedo, ya que conocía la fama que tenía ese bosque.

“Dios mío, no me extraña que vengan aquí a suicidarse, esto está más perdido que… eh, ¿qué es eso?”

Notó que había algo en la carretera y cuando estaba ya cerca vio que era una pareja tendida en el suelo. La chica no se movía pero el chico estaba haciendo señal pidiendo ayuda.

El hombre se bajó del coche y le preguntó: “¿Qué os ocurre, en un sitio como aquí?”

“…Vinimos a suicidarnos… Nosotros queríamos casarnos, pero nuestros padres no nos permitieron por eso vinimos aquí, pero estoy arrepentido, por favor llévanos a algún hospital…”

El hombre llevó al coche a la chica que no se movía y le ayudó al chico a subir. Corrió todo lo que podía hasta llegar a un hospital más cercano mientras oía la voz del chico…”¿Está lejos el hospital?…Por favor dese prisa…”

El coche llegó al hospital. “¡¡Socorro, por favor, hay dos que están muy grave!!” El hombre explicó todo lo que había pasado mientras sacaban a los dos de su coche. Parecía que el chico había perdido el conocimiento.

El hombre tuvo que esperar un buen rato hasta que salió el médico que examinaba a los dos. “Doctor, ¿cómo están? ¿Se salvará la vida?”

“Siéntese… Vamos a ver, según lo que explicó los encontró en el bosque, ¿verdad?” “Sí” “¿Hace cuánto tiempo?”

“Hará.. como una hora o un poco más…” “Y dice que habló con el chico.” “Sí, la chica no estaba consciente pero el chico me explicó lo que pasó y todo el camino me estaba diciendo que corriera, que me diera prisa.”

“Es que… es muy extraño… Los he examinado y los dos están muertos por lo menos desde hace 5 horas…”

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La maldición del Teatro Romea

Algunos sostienen que sobre la capital murciana pesa una antigua maldición. El flamante teatro Romea, construido a mediados del siglo XIX, fue levantado sobre unos terrenos que por entonces pertenecían a un convento de la Orden de Santo Domingo. Según la leyenda, los dominicos profetizaron para el nuevo teatro tres incendios, dos de los cuales ya han tenido lugar. ¿Cuándo será el próximo?

Hay casos en que historia y leyenda convergen hasta un punto que complica su delimitación. La historia, para ser considerada como tal, no puede prescindir de una base documental. Y la leyenda, por su parte, transita de boca en boca, planea sobre los hechos demostrados y es tildada de habladuría por los cronistas oficiales. Sin embargo, nadie se atreve a restar valor intrínseco a la fábula o a la superstición, que rara vez nace por generación espontánea y cuyo origen suele guardar cierta correspondencia con lo sucedido. El caso del teatro Romea de Murcia sirve de paradigma en esta polémica secular. Existen testimonios orales, pero no documentos oficiales que aporten credibilidad a una supuesta maldición que, como la espada de Damocles, se cierne sobre este centro de arte dramático. Algo debió ocurrir, no obstante, para que la leyenda que pronosticó su destrucción haya sobrevivido hasta la fecha y para que diferentes personas hayan afirmado sentir presencias extrañas en su interior. Y es que las vicisitudes históricas acontecidas en este teatro no han hecho sino alimentar el mito. A este respecto, MÁS ALLÁ ha querido tomar el pulso a la sociedad actual, prestar oídos a cuantos puedan aportar datos, en contra o a favor, sobre ciertos hechos inquietantes que unos atribuyen a lo puramente casual y otros adscriben a lo premonitorio.

La maldición conventual

A mediados del siglo XIX, según explica el cronista murciano Juan Barceló Jiménez, la Iglesia seguía persiguiendo ferozmente el hecho teatral, ya que para esta representaba la encarnación de todos los males. Barceló, autor de El teatro Romea y otros teatros de Murcia, hace referencia al antiguo teatro del Toro, que durante el siglo XVII sufrió una catástrofe en la que perecieron 15 personas y que fue calificada de castigo de Dios por sus detractores. También cita otros casos particulares, como la proclama del obispo García Simón contra la comedia o la negativa del párroco de la iglesia de San Lorenzo a dar la comunión al colectivo de actores, amenaza que tuvo su epílogo en boca de los jesuitas a quien acudiera a ver una representación teatral en plena dictadura franquista. Y es que el mundo del teatro era considerado por la Iglesia católica de aquel tiempo el centro de todos los vicios y el lugar ideal para los escarceos amorosos, donde se lanzaban tanto arengas políticas como se proferían insultos, o se producían robos al amparo de la oscuridad. No obstante, Juan Barceló Jiménez, gran conocedor de la historia murciana, no ha encontrado referencias fidedignas ni comparte la teoría de la maldición, aunque como bien dice el refrán, “cuando el río suena, agua lleva”. El escritor Benjamín Amo es uno de los pocos autores que se han hecho eco de la maldición que envuelve al Romea, tal y como prueba su libro Murcia, leyenda y misterio.

En él explica, de forma somera, que en los terrenos donde se asentaba el teatro original se hallaba el cementerio del convento de Santo Domingo, propiedad expropiada por la desamortización que pasó a manos del Ayuntamiento. Y añade que los frailes dominicos lanzaron un juramento sobre estas tierras que condenaba a sufrir tres incendios a todo edificio que las ocupara a partir de entonces. El convento se encontraba ubicado justo en los límites de la muralla medieval de la ciudad. A un lado se hallaban los huertos que más tarde ocuparía el Romea y al otro se sitúa en la actualidad la plaza de Santo Domingo, populoso espacio que antaño era el centro del mercado y donde ocasionalmente se producían las ejecuciones, como la del conocido bandolero Jaime Alfonso, apodado El Barbudo, que en un principio iba a ser indultado en 1825 pero que después fue ahorcado. No está claro que en estos terrenos expropiados también hubiera un camposanto, tal como afirma la leyenda. Aunque no sería descabellado pensar que fue así, ya que, comúnmente, en los recintos eclesiásticos eran enterrados los feligreses que lo merecían y los miembros de la orden a la que pertenecían. Hubiera o no un cementerio, tal expropiación debió de suponer una humillación para los dominicos. En esta atmósfera de agravio, la maldición referida pudo tener lugar de forma más o menos explícita. El proceso de expropiación y gestiones comenzó en 1842, dilatándose hasta la definitiva construcción del teatro en 1862 y su inauguración por la reina Isabel II.

Todo habría quedado en un episodio sin la menor trascendencia histórica si los acontecimientos que rodearon al nuevo Romea no se hubieran precipitado tras su construcción: dos incendios catastróficos, el primero en 1877 y el segundo en 1899. La cuestión es si la coincidencia entre los tristes episodios acaecidos en el teatro Romea y la maldición de la que supuestamente es víctima son pura casualidad o, simplemente, la leyenda surgió como consecuencia de aquellos sucesos. Con el tiempo han aparecido diferentes versiones sobre esta superstición. Una de ellas apunta que la maldición pronosticó tantas destrucciones como reconstrucciones sufriera el teatro, mientras que otra sostiene que esta auguró sucesivos incendios sin más. Asimismo, existe una tercera leyenda, aún más explícita, que asegura que los dominicos profetizaron exactamente tres incendios, cada uno de los cuales sería más devastador que el anterior. El único modo de formarnos una opinión propia es conociendo la peculiar historia que rodeó desde el comienzo de su existencia al teatro Romea, que desde un principio ha estado plagada de catástrofes, supuestas apariciones fantasmales y sensaciones extrañas sufridas por los testigos que lo han frecuentado a lo largo de los años.

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El hotel encantado

A la ya de por sí amplia y variada casuística misteriosa que aglutinan las islas Canarias se ha de sumar ahora un nuevo escenario: el hotel finca La Raya, en el municipio tinerfeño de Güímar. El inmueble, con más de cinco siglos de historia, acumula multitud de casos paranormales de los que en los últimos meses ha quedado constancia instrumental. ENIGMAS ha seguido de cerca las investigaciones.

Lo que en principio no era más que una protocolaria noche radiofónica, preparada por el equipo de investigación Clave Siete de Tenerife, el pasado 11 de septiembre con motivo de la iniciativa nacional “La noche de las sombras”, ha terminado por sacar a la luz lo que en Güímar era, desde hace décadas, un secreto a voces que le valió al inmueble el sobrenombre de la “casa del miedo”. Y es que el plácido Hotel Finca La Raya guardaba un secreto que en nada parece estar reñido con su encanto y prestaciones, un secreto que en los últimos meses y gracias a las investigaciones realizadas en el lugar ha terminado por ser conocido, incorporándose a los atractivos que ofrecen las instalaciones. Ruidos inexplicables, pasos audibles en estancias vacías, objetos que se mueven y apariciones espectrales forman parte de una casuística de la que en los últimos meses las cámaras infrarrojas han sido testigos. La tradición atribuye estos fenómenos al espíritu de una mujer que perdió la vida en circunstancias poco claras en el siglo XIX.

Un origen de inciertos litigios

Carmelina Rosa, heredera por vía paterna de las instalaciones y responsable junto a su esposo Francisco Toledo de la remodelación que ha convertido el foco de misterios en un inmueble pujante en el mercado rural, viviría años atrás en la víspera de la noche de difuntos una experiencia que aún no ha sabido explicar. “Ya durante la restauración –nos explicaría– los problemas fueron constantes e inexplicables, como si algo nos intentara alejar del lugar. El caso es que un 31 de octubre, estando yo en la cocina, una ventana se cerró bruscamente y al comprobarla caí en la cuenta de que ya estaba cerrada por mí con el cerrojo echado. Era extraño, pero seguí con mis cosas hasta que el azúcar y la sal se cayeron al suelo desde la despensa junto a varios calderos, mientras que en el piso superior se escuchaban pasos acelerados. Procuré no perder la calma, comprobé que no había nadie arriba y me serené encendiendo unas velas”.

Francisco, escéptico y pragmático, ha tenido que ceder ante la evidencia de que algo fuera de lo común sucede en el hotel que regentan, algo que parece confirmarse por diferentes fuentes y concretarse de manera especial en varias instancias. “Todos los pueblos tienen sus ‘casas de los miedos’, y en Güímar ese papel lo desempeñó este lugar hasta que lo restauramos”, nos explica Toledo. “Yo no daba crédito a las leyendas sobre aparecidos y fenómenos inexplicable, y de hecho todavía pongo en duda muchas de ellas, ­pero algunos clientes nos cuentan cosas muy extrañas que coinciden y de las que no podían tener conocimiento previo. Además, tiempo atrás yo mismo, junto a mi esposa y un amigo, escuchamos pasos acelerados durante una noche en las plantas superiores, en estancias que estaban vacías. Realizamos un minucioso registro improductivo, lo que provocó que nuestro amigo se atemorizase”.

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Frases de crueldad

La crueldad es la fuerza de los cobardes.
Proverbio árabe
La crueldad, como cualquier otro vicio, no requiere ningún motivo para ser practicada, apenas oportunidad.
George Eliot (1819-1880) Seudónimo de Mary Anne Evans. Novelista británica.
La sola idea de que una cosa cruel pueda ser útil es ya de por sí inmoral.
Marco Tulio Cicerón (106 AC-43 AC) Escritor, orador y político romano.
Los hombres son crueles, pero el hombre es bueno.
Rabindranath Tagore (1861-1941) Filósofo y escritor indio.

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Feliz…? Navidad a todos

cruelnavidad

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Oficial

Fotografía del siglo XIX de autor anónimo.

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